Wednesday, January 6, 2010

Diez años después

El tiempo puede ser algo relativo. Algunas veces podemos estar esperando por cinco minutos y pensar que es una eternidad, y en otras visitamos un país por dos semanas y no nos damos cuenta de cómo pasó el tiempo de rápido. Hoy hace diez años comenzó mi exilio voluntario. Mis planes no eran muy claros, quería aprender inglés y luego estudiar algo relacionado con mi profesión en Colombia. Las cosas no sucedieron cómo las había planeado. Hoy, cuando miro en retrospectiva, me doy cuenta que nunca llegué a pensar que me iba a tener que poner un sombrero y cambiar mi voz para ser Woody el vaquero amigo de Buzz. Tampoco imaginé que me iba a mojar mientras era una foca leopardo que se intenta comer a un escurridizo pingüino de nombre Mumble que no sólo siempre escapa, sino que termina derrotándome mientras baila. Mucho menos se me pasó por la cabeza que cuando insistiera que yo quería ser Batman en lugar de Robin, mi hijo respondería: “Papá, mi nombre comienza con ‘B’ por eso yo siempre seré Batman”



P.D. Este video me lo pasó mi hermana y me identifico plenamente con él. Pido disculpas por la parte comercial al final del video, pero lo coloco porque el contenido vale la pena.

Saturday, December 12, 2009

Nuestras Navidades

Se me pidió que compartiera con el resto de la comunidad universitaria sobre alguna de las costumbres que practicáramos en mi familia durante esta época navideña. No pude pensar en otra cosa que explicar nuestra tradición del pesebre y de todo el trabajo que envolvía para nosotros como niños, al igual que nuestros papás. Quién mejor que Manuel Mejía Vallejo para describir cómo eran las épocas decembrinas durante nuestra niñez.

“…Era de ver la Navidad que se celebraba en nuestra casa cuando aún formábamos parte de la tierra. Durante la semana salíamos a buscar musgo, cardos florecidos, hojas grandes y orquídeas para el pesebre. En la parte superior el establo con los filosóficos buey y mula; encima la estrella de Oriente y los Reyes Magos que en una esquina, sobre el desierto, casi se iban al suelo por mirarla. San José y la Virgen camino de Belén, frente a montañas de musgo que habrían de atravesar. Cada día, desde el dieciséis, adelantaban un poco. Nosotros pensábamos que era obra de milagro.
“Y un riachuelo que al pasar sobre el establo formaba cascadas de algodón o seda del monte. El lago-espejo lleno de patos. Y un gallo igual de grande al hipopótamo que atravesaba el río; y un lobo como un caballo cerca del rebaño, junto al prado cercado –barranco con grama– donde un puñado de ovejas blancas, una negra quizás, era cuidado por una pareja de pastores idílicos. Casitas de labradores diseminadas en laderas musgosas, burros, elefantes, perros, gatos…” (La tierra éramos nosotros, 37)

Dos días después de mi presentación, fui con mi esposa y mis dos hijos a buscar cuanta cosa pudiera comprar para armar un pesebre, aunque sea a pequeña escala, del que nos describe Mejía Vallejo, y del que armábamos en mi casa. Mientras Ben y yo poníamos algunos animales, Elena se intentaba comer otros, y Katie buscaba más juguetes que, de alguna manera, pudiera formar parte de nuestro pequeño pesebre.

Esa noche, cuando me acosté, me puse a recordar lo maravilloso que era levantarse cada día y correr al pesebre para ver qué tanto les faltaba aún a la Virgen y a San José para llegar al establo donde nacería el niño Jesús; fue entonces cuando le di gracias a Dios por mis papás, por que ellos nos han dado TODO lo que tenemos, tanto material, como espiritual e intelectualmente.

Sunday, December 6, 2009

La magia y los Kalkitos


Las primeras memorias de mi infancia se remontan a cuando vivíamos en Cartagena en los últimos años de la década de los setenta y mi papá me llevaba a todas partes con mi disfraz de Llanero Solitario. Incluso recuerdo que tanto mi papá como mi mamá me celebraban cuando yo corría en un caballo imaginario que se llamaba Plata, imitando el mismo sonido de la serie. Pero una de las memorias que más recuerdo de mis primeros años son los Kalkitos. Estos eran caricaturas en las que uno mismo creaba su propia historia y que fueron muy populares por aquella época. Los Kalkitos nunca llegaron a mis manos de una manera tradicional, siempre llegaban a través de actos de magia que mi papá hacía en el que de una u otra forma aparecían debajo de una de las almohadas de su cama. Recuerdo que estos actos sucedían con mayor frecuencia a la hora del almuerzo, cuando yo esperaba con ansias a que mi papá llegara del trabajo, y luego del almuerzo, cuando me acostaba con él, aparecía un Kalkitos mágicamente, y de esta manera mi papá podría tomarse su merecida siesta, mientras yo creaba imaginarias aventuras.

Hoy en día practico algunos trucos de magia, especialmente con Ben, y espero que estos estimulen su imaginación tanto como vos lo hiciste conmigo. Gracias por todos los Kalkitos que me compraste Pa.

Wednesday, November 25, 2009

23:24



Naciste la noche antes que comenzara mi clase de verano en Wesleyan. Tu llegada no fue tan traumática como la de tu hermano, pero igual yo sufrí casi tanto como tu mamá (mentalmente, claro está). Al otro día traje a tu hermano para que te viera. Nunca lo había visto tan contento como ese día. Y aun hoy, casi siete meses después, todavía vive pendiente de vos, más de lo que yo quisiera pues como dice mi hermano: “Ben en un ataque de ternura le puede arranca la cabecita a Elena”. Pero a vos no te importa, cuando él está cerca vos sólo lo mirás a él; para su dicha, le celebrás cada cosa que hace o deja de hacer.
Todavía te despertás una a dos veces cada noche, y te quiero pedir perdón por mi cansancio, mi depresión y por no dedicarte tanto tiempo como quisiera. Los cambios que hemos tenido en los últimos seis meses han sido más difíciles de lo que me imaginé.
Ahora mismo quiero que te despertés, para darte de comer, abrazarte y para que te quedés dormida en mis brazos.
Gracias por obligarme a volver princesa.

Thursday, April 30, 2009

De lo que me acuerdo

Son muy limitadas las memorias que tengo de antes del miércoles 9 de agosto de 1978. Estas memorias son como pequeños chispazos especialmente de lo que era mi vida en Cartagena. Me acuerdo que vivíamos cerca de una playa a la que íbamos con cierta frecuencia. También me acuerdo cuando íbamos a comer a un restaurante que quedaba dentro de un barco y se llamaba el Galeón. Recuerdo que tenían un gran acuario, pero no me acuerdo de la comida. Me acuerdo también la vez que me mandaron solo en avión a Medellín. Estaba enfermo y querían que me viera un doctor allí. Me acuerdo que me quedé donde MamaLibia. En este viaje lloré porque el avión hizo escala en Barranquilla, pero yo pensé que era Medellín y quería bajarme. También me acuerdo cuando vinieron Diana y Pia de vacaciones a Cartagena. Me acuerdo cuando jugaba con ellas en el mar. Me acuerdo de cuando me disfrazaba de Llanero Solitario y mi papá me llevaba a una heladería. De la casa en que vivimos, me acuerdo que tenía un solar, en el que una vez la perra que teníamos encontró una culebra. También recuerdo haber visto un cangrejo verde que apenas sintió mi presencia se escondió. De la vida en Medellín antes del nacimiento es poco lo que creo recordar. Mis memorias se centran básicamente en lo mucho que lloraba en la guardería a la que mi mamá me llevaba. Precisamente el día del nacimiento, mi papá me recogió o me llevó (no me acuerdo) a la guardería. Yo tenía el uniforme azul y me contó que ya había nacido mi hermanita. ¡Me sentí tan feliz! No me acuerdo si fui al hospital, ni tampoco me acuerdo del bautizo. Pero me acuerdo que una vez casi te caés del coche azul que teníamos pero yo te agarré antes. ¡Estuve tan orgulloso! Eso fue algo que mi mamá repetía constantemente.
No sé cuando nacerá Elena, pero en mi corazón siento que el momento se acerca y sé que ella lo sabe también. Anoche la sentí moverse y le dije que ya la estábamos esperando. Sé que Ben estará tan feliz como yo lo estuve cuando vos naciste.

Thursday, April 23, 2009

La cámara



Sin intención alguna había estado posponiendo el supuesto arreglo de la cámara que nos pasaron. La verdad siempre le he tenido miedo a la cámara porque me representa a vos, y siento que es una gran responsabilidad usarla. Al tenerla en mis manos me parece estar viéndote tomar fotos a todo lo que Ben hacía, o Katie. Ayer intenté hacer algo similar, para continuar, de alguna manera lo que siempre has hecho y es mantener una memoria fotográfica de lo que ha sido tu vida y la de las personas que te rodean. Nosotros, de cierta manera, habíamos dejado en tus manos que fotografiaras las nuestras, y en especial la de Ben. Acá pongo algunas de las fotos que tomé ayer de Ben en el parque y jugando baseball. Estarías muy orgulloso viéndolo lanzar la pelota y batear con la izquierda.

Friday, April 3, 2009

La clase

La clase era tres días a la semana a las ocho. Era peor unos días que otros. Él siempre llegaba con sus notas de lo que parecía ser un plan de clase. Ella, por nombrar a uno de los estudiantes, siempre venía a clase. Debe aclararse que no lo hacía porque tuviera algún tipo de interés en la clase, sino simplemente por costumbre, esa maldita costumbre que la tenía estudiando en una universidad asignada por sus padres y una carrera sugerida también por ellos. La clase de hoy no era muy diferente de las otras, y como no había quiz o examen, eran muy pocos los estudiantes presentes. La clase comenzó con el profesor hablando de tonterías acerca de lo que había hecho los días anteriores y los estudiantes respondiendo con una sonrisa forzada. Ella, al igual que el resto de sus compañeros, había aprendido a responder a cualquier chiste (o intento de chiste) con una sonrisa. La verdad no era difícil y era lo único que le gustaba hacer en la clase.

Su actitud siempre era la misma, de desagrado. El profesor, por otro lado, no se daba cuenta de la actitud de sus estudiantes, andaba más preocupado por la enseñanza del tema gramatical del día que por cómo se sentían sus estudiantes. Esto era algo contradictorio pues había escogido precisamente las humanidades porque quería sentirse más humano, estar más cerca de sus estudiantes