Tuesday, November 22, 2011

La paradoja del abuelo (Primera entrega)

La clase de inglés *

La conoció en una clase de inglés que tomó durante sus vacaciones de fin de año.  Al tomar esta clase, Hugo quería terminar con los requisitos de su carrera.  Ella, a quien llamaré Gabriela, estudiaba biología.  Estaba en el segundo semestre de una carrera que odiaba, pero que esperaba le sirviera para poder transferirse a medicina en los próximos semestres. Su trato en las clases era meramente académico.  Una que otra actividad en parejas, y una vez él calificó una de las pruebas de vocabulario de ella.  Le dio un 90%, cuando en realidad merecía un 80%.  Gabriela no se percató de su gesto.


Hugo tomaba la buseta desde su casa hacía la universidad en las mañanas, pero normalmente caminaba a la vuelta.  Le gustaba ver el movimiento, escuchar el ruido, oler lo que se preparaba en las cafeterías.  Siempre fue un enamorado de su ciudad y del equipo de fútbol que, según él, representaba Bogotá en todo su esplendor.  Un día de lluvia decidió tomar una buseta de vuelta a casa.  En el paradero estaba Gabriela.  La saludó y se dio cuenta que, casualmente, iban a tomar la misma buseta (contando que él preferiría tomar una que lo dejara a dos cuadras de su casa).  Se sentaron en la misma silla.  Hablaron de la clase, de por qué estaban tomando inglés y de lo que harían el resto de las vacaciones.  Después de ese martes, comenzaron a sentarse juntos en clase, y en la buseta de vuelta a sus casas por las tardes.  Fueron un par de veces a cine juntos (a ambos les gustaban las películas de ciencia ficción), y cuando comenzó el semestre regular, almorzaban juntos los martes, como una manera de recordar el día que comenzó su amistad.  Cuando se lo pregunté, Hugo me dijo que entre ellos no había más que “una perfecta amistad.”  Tres meses después, cuando le pidió a Gabriela que fuera su novia, Hugo ya no se acordaba de lo que me había dicho.

Sólo se necesitaron unos meses para que Hugo se diera cuenta de la fragilidad de Gabriela.  Era una persona depresiva y muy insegura.  Sus crisis eran tan fuertes que ella se negaba a verlo o a responder sus llamadas.  Inicialmente pensé que esto haría que su relación terminara, pero antes logró que se unieran más.  Hugo se había convertido en un protector para ella y siempre estaba buscando cosas que la hicieran feliz y evitar aquellas que la podrían afectar.  Fue así como le sugirió que se reuniera con algún profesor de la facultad de medicina para que le aconsejara la mejor manera de lograr transferirse de Biología.  Inicialmente ella estuvo bastante escéptica, pero ante su insistencia, ella dijo que lo iba a pensar.

Después de unos días, Gabriela le contó que se iba a reunir con un profesor que le había dicho que era muy factible lograr su trasferencia.  Ella no le quiso decir el nombre del profesor (por agüero) pero estaba feliz.  Los que la conocíamos, podíamos decir que nunca la habíamos visto irradiar tanta alegría. Hugo estaba bastante contento.  Lo que él, ni ninguno de nosotros esperaba, fue el desenlace de esta aparente buena noticia.

Continuará

* Quiero pedir disculpas a mis lectores por el retraso en la publicación, pero fueron motivos ajenos a mi voluntad los que me impidieron hacer llegar a ustedes esta primera entrega.  Como recordarán, el pasado primero de octubre alguien infiltró mi cuenta, y yo puse una denuncia ante las autoridades pertinentes.  Por este motivo mi cuenta estuvo clausurada por la AGVT, la cual estuvo investigando el hecho.  Aunque aun no se han atrapado los responsables, en su e-mail ellos me aseguran que se encuentran cerca de quienes utilizaron mi fama para su beneficio.  Muchas gracias por su paciencia.

Q.



Tuesday, October 11, 2011

La misión (Decimosexta y última entrega)

El final


Mis papás decidieron que lo mejor era dejar la ciudad y no correr ningún tipo de riesgos.  El lunes por la mañana fui con mi papá a EAFIT y cancelamos mi semestre.  Para mi fortuna, no me encontré con ninguno de mis compañeros.  Después que llegué a casa, sin que mis padres lo supieran, llamé a Natalia.  Hacía más de dos meses que no hablaba con ella.  Yo no había aceptado el hecho que ella saliera con sus amigos.  Me pidió paciencia, pero no la tuve, y la dejé de llamar.  Ella se sorprendió mucho con la llamada, y más con la noticia.  Yo lloraba mientras escuchaba sus insultos, sus gritos a unos destinatarios desconocidos.  Me pidió que nos viéramos.  Yo le prometí hacer todo lo posible para verla antes de nuestro viaje.  Un amigo me ayudó.  Me dejó en el restaurante donde ella estaba esperándome.  Le pedí perdón por mis inseguridades, por mi celos enfermizos.  Le dije que ella le había dado sentido a mi existencia en un momento difícil.  Ella no decía nada, sólo me miraba y lloraba.

Aunque no pude verme con él, llamé al Ingeniero Bernal y le conté que había dejado la universidad por problemas de seguridad.  Me preguntó si había recibido amenazas de la AGVT.  Le respondí que me parecía muy improbable pues las amenazas estaban relacionadas con dinero.  Me preguntó a qué ciudad viajábamos.  Le mentí y le dije que viviríamos en Costa Rica.

Salimos de Medellín un jueves en la mañana.  Llegamos a Bogotá en la noche.  Yo me sentía enfermo, creo que la altura me estaba afectando.  Al siguiente día, viernes,  me levanté tarde, comí algo y quise dar una vuelta por los alrededores del apartamento en que nos estábamos quedando.  Vi un centro comercial y caminé en esa dirección.  Al entrar me di cuenta que era el medio día.  Estaba triste, frustrado, desesperanzado. Caminaba sin tener un destino. Me sentía desolado.  No entendía por qué me tenían qué pasar estas cosas, dejar Medellín, mi grupo de amigos, y Natalia.

Estaba en mis pensamientos cuando sentí que alguien llegaba apresuradamente.  Me dijo, con mi propia voz, que yo estaba en peligro y que teníamos que correr.  Yo lo hice sin saber por qué.  Subimos al segundo piso y nos metimos en una librería.  Él parecía conocer el centro comercial.  Me contó quién era, y al mirarlo, asustado, le pregunto  “¿vos sos yo?”  Él me respondió afirmativamente, y agregó que lo más importante era saber por qué una  mujer nos seguía.  Cuando la señala, me doy cuenta que quien no sigue es Clarissa Federico, la agente  AGVT-UU-29.






Fin




Ir a "Mundos paralelos" (Primera entrega)

Saturday, October 1, 2011

El día de Borges

Café Tortoni, Buenos Aires (Agosto 2004)
Se preguntará el curioso lector qué hago yo, un desconocido, usando el blog de un reconocido escritor como Quimulá. Quisiera darle una respuesta que lo satisfaga, pero me temo que lo que estoy a punto de decir no lo hará. Pienso ésto ya que no tengo una respuesta que justifique la interrupción de la serie “La misión” que tanto éxito ha tenido entre nosotros los seguidores de este popular blog. Simplemente envié un mensaje en el que pedía autorización para escribir hoy sobre lo que significa para mí este día. Esperé cerca de tres semanas, y al no recibir respuesta alguna asumí que estaba bien hacerlo.

El día de hoy, primero de octubre, se volvió importante para mí hace diez años. Yo había llegado a los Estados Unidos un tiempo antes con la intención de aprender inglés y luego hacer una maestría en Ingeniería Industrial (sí, lo sé. Algo similar a lo hecho por el Ingeniero Bernal). Inicialmente las cosas no se dieron como lo había planeado, por eso pensé que estudiando literatura podría darme tiempo para luego solicitar en programas de maestría. En el otoño del 2001 se ofreció una clase del cuento latinoamericano, y sabiendo que se tenían escritores tan reconocidos (dentro de mi limitado espacio literario para la época) como Cortázar, García Márquez, Isabel Allende y Borges, me decidí a tomarla. Aunque debo admitir que mi conocimiento de este último era bastante básico.

Comenzamos leyendo textos de Rubén Darío, Martí y Quiroga, hasta que llegamos a Borges. Nos enfocamos en algunos cuentos incluídos en Ficciones. Colección publicada en 1944, año en que nació mi papá. El primer cuento que leí fue “La forma de la espada”, el cual comencé leyendo con el mismo desinterés que había tenido a lo largo del semestre. Pero entrar a este mundo borgiano me cautivó desde el comienzo. El narrador, Borges, se encuentra en el norte argentino en la finca La Colorada, propiedad de un inglés, cuyo nombre sólo sabremos hasta el final, y de quien después nos enteraremos que en realidad era irlandés. Borges nos narra una historia que le fue contada a él de una manera cautivante con un final inesperado que causa tanto sobresalto al narrador de “La forma de la espada”, como a nosotros mismos.

Luego de terminar el relato, además de quedarme sin palabras, no tenía con quien comentar este maravilloso relato. Sólo atiné a decir “wow” y me dije que quería seguir leyendo sus cuentos, volverme especialista en él, y algún día -¿por qué no?- escribir y hacer sentir a otras personas lo que él me hizo sentir a mí tras leerlo. Por diferentes motivos que no cabe ahora discutir, no logré cumplir ninguno de esos sueños. Me convertí en un fanático de Borges con un conocimiento superficial de su obra, pero él había cumplido una misión desconocida (¿o conocida?) para él. Me había sacado del mundo de la ingeniería para meterme al mundo de las letras. Sé que sonará cursi, pero Borges cambió mi vida hoy hace diez años.

Quimulá podría estar en desacuerdo y decir que el argentino no cambió mi vida, sino que creó un universo paralelo en el que yo ya no soy ingeniero, sino profesor de literatura. Pero debo confesar que aunque me entretienen sus escritos, yo no creo en los viajes multidimensionales del que Quimulá nos habla en su blog. Yo creo que sólo existe un mundo en el que vivimos, y aunque sí hay eventos que cambian nuestras vidas, estos no crean las ramificaciones que nos quieren hacer creer.

Por lo tanto le pido disculpas a usted curioso lector, pero espero que entienda el motivo que me llevó a aventurarme hoy a interrumpir los escritos de Quimulá.

Con todo respeto,




Tuesday, September 27, 2011

La misión (Decimoquinta entrega)

Ingeniero Bernal


Nunca más volvimos a saber de Flotta.  Después de un mes llegó su reemplazo.  Un ingeniero industrial bogotano que obtuvo su doctorado en la Universidad de Iowa en los Estados Unidos.  Estaba obsesionado con el fútbol.  Todos los lunes, al comienzo de clase, nos hacía un análisis de los resultados del fútbol colombiano, especialmente de Santa Fe.  El rumor era que, en las noches, el ingeniero Bernal (nunca supimos su nombre) trabajaba en una máquina del tiempo con el objetivo de viajar al 19 de diciembre de 1948 y estar presente en la goleada con la que su equipo se convertierte en el primer campeón del fútbol colombiano.

Sus clases eran muy entretenidas pues tenían un buen balance entre la teoría y la práctica.  Aunque sí estudiamos la posibilidad de viajes multidimensionales, nunca pasamos de experimentar en modelos computarizados.  Con el paso del tiempo comencé a tener más confianza con  él, y después de debatirlo, me decidí a contarle mi experiencia  en el universo paralelo al que había viajado.  La primera vez que lo mencioné, Bernal evadió el tema.  Después, ante mi insistencia, aceptó tener una reunión conmigo.  Me advirtió de lo peligroso que podía ser tanto para mí, como para él, compartir la información que yo poseía.  No sé cómo, pero él sabía lo peligroso que podrían ser los agentes de la AGVT.

Esa noche, cuando llegué a casa, estaba mi papá reunido con dos de sus hermanos y hablaban, casi en secreto, sobre algo que parecía muy importante.  Cuando se lo pregunté, mi mamá me llevó a mi cuarto, me hizo sentarme, y me contó que mi papá había recibido una carta en la que se le informaba que si no pagaba una suma de dinero (nunca supe la cantidad), mi vida correría mucho peligro.

La policía nos recomendó esperar a recibir una segunda nota antes de tomar cualquier determinación.  Yo tuve que tomar muchas precauciones.  Nunca más volví a manejar a la universidad.  Alguna veces me llevaba mi papá, otras alguno de mis tíos, o simplemente no iba a clase.  Ante las preguntas de mis compañeros, argumenté una enfermedad.  La segunda carta llegó exactamente una semana después de la primera.  Esta era más específica e informaba acerca los días que yo asistía a EAFIT, quiénes eran las diferentes personas que me llevaban a la universidad, y enfatizaba en el peligro en que yo me encontraba.  Esta vez la policía trató de identificar el origen de la carta, pero después de muchas pruebas, no se llegó a ninguna conclusión.  Uno de los policías, quien parecía un poco chiflado, le dijo a mi papá, en secreto, que la carta fue escrita con tecnología más avanzada que la nuestra.  


Continuará...




Tuesday, September 13, 2011

La misión (Decimocuarta entrega)

Natalia


El lunes cuando llegué a mi clase de física cuántica me enteré que Flotta había tenido que viajar urgentemente a Alemania debido a la muerte de un familiar.  El decano de la facultad nos dijo que él se encargaría de la enseñanza hasta que consiguieran un remplazo.  La clase fue bastante aburrida pues el decano era bastante teórico.  Al final de clase nos preguntó si habíamos aplicado las teorías cuánticas y, como nos lo instruyó Flotta, le dijimos que sólo habíamos estudiado los experimentos realizados en otras universidades.  Después de salir de clase, mis compañeros me preguntaron acerca de mi viaje a Chile, y les dije que había sido un poco decepcionante, pues me había dado cuenta de cómo había idealizado al país después de haber vuelto a Colombia.  Mi plan dio resultado, ya que no hubo más preguntas.  Esta tarde llamé a Natalia pero su mamá me dijo que no había llegado de la universidad.  Estaba casi seguro que me estaba mintiendo. Natalia terminaba clases al medio día.  La llamé el martes, miércoles, todos los días de la semana, pero nunca pude hablar con ella.  Comencé a pensar que ella había tomado en serio la supuesta necesidad de un distanciamiento.  El viernes, una semana después de haber vuelto, recibí un mensaje de Clarissa pidiéndome noticias de mi misión.  Le conté sobre Flotta (lo había olvidado por completo).  Ella me respondió inmediatamente: “Tu ineficiencia deja mucho que desear.  Debimos haber sido informados desde el mismo momento en que te enteraste…” No terminé de leer el mensaje pues rompí el dispositivo y lo tiré a la basura.  Mi situación con Natalia me estaba comenzando a afectar más de lo que yo hubiera querido.  Esa noche, después de mucho debatirlo, decidí ir a su casa.  Eran las ocho de la noche, cuando su mamá me abrió la puerta.  Muy amablemente me dijo: “Naty salió con unos compañeros de la universidad”.  Me despedí casi sin mirarla y me monté en el carro.  Apenas noté que ella entró a la casa y apagó la luz exterior, comencé a pegarle a la cabrilla con violencia, no entendía por qué Natalia necesitaba salir con sus compañeros.  Comencé a preguntarme si habría salido como pareja de alguno, o si simplemente era su grupo de amigos y amigas que iban al cine, a comer o algo así.  Este último pensamiento me calmó.  Me fui para mi casa, pero todo se me vino abajo cuando llegué y mi mamá, muy sorprendida, me preguntó que había pasado entre Natalia y yo.


Continuará...




Tuesday, August 30, 2011

La misión (Decimotercera entrega)

Primer sueño


Era un marinero de un barco portugués a comienzos del siglo XVIII.  El rey Juan V “El magnánimo” nos había encargado explorar el sur del continente americano.  Al parecer, él había recibido noticias de unas islas volcánicas en las que habría grandes yacimientos de plata.  Sin esperarlo, el cielo comenzó a nublarse y el capitán comenzó a darme órdenes que yo no entendía.  Al ver que yo lo miraba sin reaccionar, me comenzó a gritar y a hacer gestos obscenos y fue en ese momento cuando comencé a entender lo que me pedía.  Corrí al mastil principal y empecé a subir las velas.  Todo iba bien hasta que no podía atarlas con un nudo que las mantuviera recogidas.  Lo que se hacía más difícil pues cada vez el viento era más fuerte y me era más complicado mantenerme en pie.  No sabía qué hacer.  Cerré mis ojos, y sin saber cómo, comencé a atar las velas con nudos que las mantenían perfectamente recogidas.  Bajé con dificultad donde el capitán.  Al llegar a su lado, sentí una fuerte necesidad de cerrar los ojos.  Fue entonces cuando me encontré en mi cama, boca arriba, tratando de determinar si había tenido un sueño, o estaba recordando un viaje en el tiempo.

Después de desayunar, llamé a Natalia.  Me reprochó por no haberla llamado la noche anterior.  Me dijo que quería que almorzáramos.  Nos encontraos en J&C Delicias.  Ella pidió una ensalada y yo una arepa mediana con cañón de cerdo.  Comenzó a hablarme de sus clases, pero yo estaba pensando en mi viaje como marinero, en Flotta, en Clarissa.  Quería saber qué había sido cierto y qué había sido imaginado.  Natalia se dio cuenta que no le estaba prestando atención y empezó a recriminármelo.  Me dijo que mi desinterés era una prueba que nuestra relación se había venido deteriorando en los últimos meses, y ella quería que “nos replanteáramos si queríamos seguir el uno con el otro”. Yo, sin meditarlo, le dije que me parecía una idea magnífica.  Lo que, para mi sorpresa, la enfadó más.  Sin decir una palabra, y con su ensalada sin terminar, se paró y me dejó sólo mientras yo terminaba mi almuerzo.


Continuará...




Tuesday, August 23, 2011

La misión (Duodécima entrega)

El regreso


Llegué a las ocho de la noche como estaba planeado.  Al salir del portal, me di cuenta que estaba únicamente Flotta esperándome.  Me dijo que mis compañeros se habían ido una hora antes, después de terminar con algunos experimentos.  Cuando me preguntó acerca de mi experiencia, le dije que todo había salido mal.  Le dije que sí había viajado a una realidad paralela, pero había llegado a Bogotá y no a Chile.  Él se sorprendió mucho.  Sacó su libreta de apuntes y la comparó con los datos del panel de control de mi portal artificial.  Me dijo que no entendía nada, y me preguntó: “estás seguro que no era un barrio de Viña del mar con el cual no estuvieras familiarizado?”  Su incredulidad me sorprendió.  Mientras me preparaba antes de volver a esta realidad, Clarissa (como me pidió que la llamara) me dio ciertas técnicas para descubrir las mentiras de Flotta.  Ninguna de ellas funcionó.  Él estaba realmente preocupado por lo que había sucedido.  Me pidió disculpas.  Me dijo que suspendería los viajes hasta que determinara el error que se había cometido en mi viaje.  Me dijo que me fuera a casa a descansar, y él haría unas últimas revisiones con el fin de encontrar qué había podido haber salido mal

Cuando salí del laboratorio estaba más confundido de lo que había podido imaginar.  En todo el trayecto, me cuestioné si ¿era Flotta la persona tan peligrosa que me pintaban Clarissa y su equipo, o si en realidad todo esto era un plan en el que ellos querían secuestra a Flotta y usar su inteligencia?  Al llegar a casa, mi mamá me dijo que Natalia había llamado varias veces.  Le dije que estaba agotado y que la llamaría en la mañana.  Antes de acostarme, con el dispositivo que me había dado, envié un mensaje a Clarissa diciéndole que todo iba acorde con el plan.



Continuará...




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